‘Mi hijo es mío en España, fuera no’

  • Una inmigrante en paro, con la patria potestad exclusiva y sin familia ni arraigo aquí, no puede volver a su país con su hijo porque una sentencia impide al niño salir de España

Violeta y su hijo Mario, hace unos días en un parque de Madrid.Ver más
Violeta está en paro, vive con su hijo en una habitación alquilada, tira del mes con 200 euros limpios, no tiene arraigo aquí, quiere volver a Perú a rehacer su vida laboral y familiar y parece tan buena madre que una juez le ha dado en exclusiva la patria potestad de Mario frente a un padre que lleva cuatro años sin aparecer. Pero lasentencia, la misma que declara en rebeldía al padre, es la que quita al crío el pasaporte y le prohíbe salir de España. Y se lo impide salvo acuerdo «fehaciente» entre Violeta y su ex marido, ese imposible legal y físico debido a un hombre que ya no tiene autoridad sobre el niño y está ausente, oculto… invisible. Así que Violeta, lágrima en mano, lleva un año por los juzgados y los abogadospatrios intentando desatar este nudo surrealista que le da el abrigo absoluto sobre su hijo de ocho años pero le impide sacarlo de España para abrigarlo mejor.

– Mi hijo es mío en España, pero fuera de España no.

Ésta es Violeta. Y éste es Mario. En verdad, no se llaman Violeta ni Mario, pero la madre nos pide que dejemos sus nombres reales y sus rostros en la intimidad porque nunca han pisado el periodismo, y las cámaras y los bolis imponen mucho.

Violeta, la Violeta de esta historia real con nombre postizo, podría no estar hoy en esta web si hubiera dejado a Mario en Perú alguna de las veces que viajó con él a ver a toda la familia durante los últimos años, alguna de las veces en que no había sentencia aún, alguna de las veces en que pensó que la Justicia no acabaría atándola a España con la soga de una dicotomía brutal: si usted tiene un trabajo fuera de España puede irse pero sola; si quiere estar con su hijo puede hacerlo pero aquí.

La sentencia del Juzgado de Primera Instancia Número 66 de Madrid fechada el 10 de julio de 2014 tardó cuatro años en llegar, los que pasaron desde que Violeta presentó su demanda de divorciohasta que la juez le dio tanta razón a la mujer que una de las aparentes protecciones se le ha vuelto en contra.

Porque fue Violeta la que en 2010 pidió al juzgado que no dejaran salir a su hijo de España por temor a que su padre se lo llevara. Que no dejaran salir al crío… sin ella, sin su permiso. Y es que lo último que había sabido de su marido, en el prehistórico 2010, era una noche deviolencia contra ella y una casa revuelta al día siguiente con la documentación del crío sustraída por el padre.

Pero cuatro años después, cuatro años de esposo y padre huido, Violeta ya no tenía miedo de que él se lo llevara y, por eso, impedir al crío salir de España, coartar la iniciativa de esta madre potestadsuena hoy tan absurdo. «Por hacer las cosas bien, por contárselo todo a la Justicia para que la situación quedara oficial, estoy fastidiada. Y mi hijo también. ¿Qué pasa si me sale un trabajo en mi país o si quiero viajar allí con mi hijo para ver a nuestra familia?».

La respuesta la tienen su abogado actual y una de las letradas de laFederación de Mujeres Separadas y Divorciadas, que asesora a Violeta: «Si ella se fuera de España a por ese empleo y dejara aquí a su hijo, el niño sería declarado en desamparo, la Administración pasaría a tutelarlo y ella incurriría en un procedimiento penal porabandono. Y si se lo llevara incurriría en un quebrantamiento de sentencia», sostiene Inés Díez de Frutos.

El fallo es tan restrictivo para Mario -y por extensión para su madre- que no sólo le prohíbe «la salida del territorio nacional y espacio Schengen», sino que «le sea expedido pasaporte». O sea, podrían darse casos tan insólitos como alguno de los que imagina Díez de Frutos. «Si el colegio organiza una excursión a Disneyland París, el niño no puede ir. Sus compañeros irían con el grupo, pero él no podría acudir porque una sentencia le impide salir de España».

El párrafo de la juez abre la imposible posibilidad del acuerdoentre los padres o una «autorización judicial previa» para permitir al niño salir de España. Es decir, la única opción que Violeta tiene para poder viajar con su hijo a Perú o a cualquier otro país es que el juzgado lo autorice expresamente. Y eso pasa por un «procedimiento de modificación de medidas», lograr que la juez cambie parte de la sentencia y levante al niño la prohibición de salida del país.

La demanda expone «el agravante de que el padre está declarado enrebeldía por la propia sentencia» y refleja la situación actual de Violeta: está en paro, no tiene perspectiva laboral alguna en España y no dispone de arraigo familiar aquí, pero alberga opciones de empleo en su país y cuenta allí con familia que puede hacerse cargo del niño. «Allí un techo y un plato de comida nunca le va faltar. Aquí cobro 600 euros del paro y pago 400 de alquiler, se me va acabar el subsidio y me aterra la posibilidad de que a mi hijo empiece a faltarle lo básico. No quiero que sufra la escasez que nos va a sobrevenir».

El futuro no parecía lo que acabó siendo cuando Violeta, peruana, y su ahora ex marido, argentino, vinieron juntos a España en 2005. Ella llevaba un par de años trabajando aquí y, una vez casados, él viajó a nuestro país, aunque no conseguía trabajo.

Violeta, que tiene el título de auxiliar administrativa, dio con sus huesos en el tajo de tantos inmigrantes y españoles durante la crisis. Trabajó fregando suelos, limpiando casas, gestionando papeles como administrativa y hasta vendiendo productos en un puesto deteleoperadora.

En 2007 nació en España Mario, un niño con padre en paro y madre multiplicada. «Yo salía de casa de noche y volvía de noche. Trabajaba en todo lo que podía para aportar dinero en casa y ayudar a mi madre, que estaba aquí. Yo no podía estar mucho con el niño y su padre se quedaba con él. Lo cuidaba bien y yo siempre he querido mantener en el niño la idea de que su padre lo quería».

La madre de Violeta enfermó de cáncer en 2009 y el presente de esta peruana sin fatiga se complicó. «Yo cuidaba a mi madre y empecé a evitar que el niño viviera algunas situaciones incómodas con el padre, porque él… él tomaba [bebía] mucho. Acabé teniendo tres hijos: el niño, mi marido y mi madre».

Tras la muerte de la madre, la vida puertas adentro se hizo más dura. «Nunca sabía lo que me iba a encontrar al llegar a casa de trabajar. Él se descontrolaba mucho al beber y me daba miedo. Un día…».

Y Violeta se para.

«…Un día pensé que no salía viva de mi casa. Le planteé en serio el divorcio y empezó a gritarme. Me decía que yo tenía a alguien… Estaba bebido y se puso agresivo conmigo. El niño estaba delante».

– ¿Y qué pasó, Violeta?

– Me empujó y me golpeó. Me cogía del brazo y me lo doblaba. Yo le pedía que me soltara, que me estaba haciendo daño, pero él me dio un puñetazo y me rompió el labio. Y me dijo: ‘Vas a salir muerta de aquí‘.

Hacemos una pausa con Violeta, que ha roto a llorar y tiene los pañuelos de papel trabajando sus lágrimas recién llegadas. Le preguntamos si está en condiciones de seguir hablando y entonces aparece la fuerza que hace tantos años le hizo cruzar el mar para intentar una vida mejor.

– Es increíble, pero de alguna manera mi hijo, con tres añitos, calmó a mi marido. Él había puesto el sofá en la puerta de casa y yo no podía salir, pero no quería llamar a nadie. Me daba vergüenza. Mi hijo me miró y se fue a dormir con su padre y cuando su padre se durmió se vino conmigo. Al día siguiente, mi marido firmó el divorcio y me llamó desde el aeropuerto para decirme que se iba de España. No le hemos vuelto a ver.

Y aquella demanda de divorcio tardó cuatro años en resolverse, con búsquedas al hombre en España y en Argentina y defectos formales, según la sentencia actual.

Cuando Violeta leyó el párrafo que construye esta historia habló con su letrada de entonces, con los funcionarios de los juzgados, con elColegio de Abogados de Madrid y hasta con internet por si alguien podía ayudarla. «Algunas personas me llegaron a decir que la sentencia parece un ‘corta y pega’, que es inexplicable que me dé la patria potestad en exclusiva y no me permita viajar con mi hijo».

Violeta dejó a su abogada y encontró a un letrado amigo y a Inés para intentar entre los tres deshacer este nudo. «Me siento atada a un error, es un sinsentido. Mi hijo es mío, pero no lo puedo llevar conmigo fuera de España. A veces pienso que tengo custodia compartida, pero no con un marido, sino con el Estado».

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