“El machismo encubierto está a la orden del día y es muy peligroso”

24 noviembre, 2020

Madrid Sindical / 24 de noviembre de 2020

Texto: Alejandra Acosta; fotos: Fran Lorente; vídeo: Fran Lorente, Javier Cantizani

El patriarcado no está dispuesto a soltar a su presa. El machismo hostil y autoritario ha mutado y coexiste con un sexismo de tono afectivo benevolentemás refinado y sutil, y hay que aprender a identificarlo. Nos va la vida en ello. Madrid Sindical ha entrevistado a una autoridad en la materia, la psicóloga Esther Ramos Matos, quien lleva desde 1986 atendiendo a mujeres maltratadas y diseñó en España los primeros protocolos de detección y prevención de violencia machista. 

Cuando Esther Ramos Matos, una veinteañera recién licenciada en psicología, escuchó por primera vez que casi un centenar de mujeres habían sido asesinadas en solo un año por sus parejas o ex parejas se quedó petrificada. Aunque han pasado siete lustros desde entonces, Esther  (Valladolid, 59 años) no olvida el estremecimiento que le invadió aquel día del mes de diciembre de 1986, cuando aterrizó en la Asociación de Mujeres Separadas y Divorciadas, con sede en Madrid, para iniciar una camino profesional que la ha convertido en una  autoridad en España tanto en la atención a mujeres víctimas de violencia machista como en la investigación, formación y prevención de la misma en menores y adolescentes. 

En la década de los ochenta la violencia machista no existía como tal en la conciencia colectiva. No había un término que la nombrara ni leyes que ampararan a las víctimas, no había comprensión ni sensibilización hacia el enorme sufrimiento de quienes vivían un infierno cotidiano en el seno de la ‘sagrada’ institución matrimonial y no existían, por tanto, especialistas, ni policías ni juzgados que pudieran ayudarlas ni protegerlas. Tampoco se publicaban cifras oficiales de los asesinatos machistas. Si Esther Ramos tuvo conocimiento de un número concreto de víctimas en 1986 fue porque la Asociación de Mujeres Separadas y Divorciadas elaboraba sus propias estadísticas recopilando información en los archivos de Policía y Guardia Civil, juzgados y en recortes de periódicos en los que estos crímenes se tildaban de pasionales y se arrinconaban en la sección de sucesos como algo excepcional.

“Hay muchos más casos de maltrato que no llegan a los Juzgados de Violencia que denuncias falsas”

Así fue hasta 1997. Ese año, el 4 de diciembre, una mujer de Granada, Ana Orantes narró en un programa de televisión en Canal Sur las atrocidades a las que su marido, José Parejo, la sometía desde hacía 40 años. Trece días después de su testimonio en televisión el marido la mató rociándola con combustible. El terrorismo machista dio la cara ante la opinión pública como nunca antes lo había hecho. Este escalofriante caso, de enorme repercusión, supuso un antes y un después en la visibilización de la violencia machista, que logró hacerse un hueco en el Código Penal. Fue un avance contra la impunidad de los asesinos, pero la batalla por el reconocimiento de la existencia de un tipo de violencia ejercida contra la mujer por el solo hecho de serlo no estaba ganada. Ni lo está. El entonces vicepresidente del Gobierno Francisco Álvarez Cascos consideró el de Ana Orantes un “caso aislado”. Tendrían que pasar siete años, y muchos asesinatos más, para que el Parlamento español aprobara, en 2004, la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. “Nadie nos ha regalado nada”, subraya Esther Ramos. Las asociaciones de mujeres han peleado mucho para que hubiera leyes de divorcio, para legalizar el aborto, contra la violencia de género, para avanzar en igualdad… Y somos las mujeres quienes seguimos batallando”.

“De nuevo las chicas se ven presionadas a ejercer una sexualidad al servicio del varón”

En 1998, Ramos pensó que no era suficiente con intervenir cuando el daño estaba hecho y empezó a interesarse por la prevención a raíz de trabajar con niños, niñas y adolescentes residentes en el Centro de Atención, Recuperación y Reinserción de Mujeres Maltratadas. De esta experiencia surgieron los primeros programas de prevención en España. En 2000 dirigió una investigación en la localidad madrileña de Tres Cantos que sirvió de base para el Proyecto Detecta, auspiciado por la Fundación Mujeres y la UNED. De aquí nacieron la Escala DSA (Detección de Sexismo en Adolescentes) y la guía “Prevenir la violencia de género en la educación” (Ramos, E.Luzón JM 2009). En 2010, realizó una nueva investigación por encargo de la Junta de Andalucía centrada en el impacto en menores expuestos a violencia de género. Fruto de la misma se diseñó un protocolo de intervención específico, que está publicado. También ha sido tutora de prácticas y ha enseñado protocolos de intervención de violencia de género a varias promociones del Máster de Clínica en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma (UAM).

Madrid Sindical (MS). Esther, usted se formó como psicóloga en los años ochenta. ¿Se abordaba en la enseñanza universitaria  la violencia contra las mujeres y sus secuelas?

Esther Ramos (ER). No. Ni había cursos. Nada de nada. Yo me forjé en la Asociación de Mujeres Separadas y Divorciadas a base de ensayo-error.

MS.- Imagino que ni las propias mujeres maltratadas se identificaban como víctimas de violencia machista

ER.- En aquella época, sin palizas de por medio muchas mujeres no se identificaban como maltratadas, a pesar de que llegaban a la Asociación con graves secuelas emocionales y psicológicas fruto de las humillaciones, insultos, desprecio, control…

MS.- ¿Qué otras agresiones no se identificaban como tales?

ER.- Las agresiones sexuales dentro del matrimonio. Aunque el ‘débito conyugal’ ya no existía, todavía muchas mujeres casadas desconocían que no estaban obligadas a mantener relaciones sexuales sin su consentimiento. Y si se daba el caso y tratabas de haceles entender que eso es un delito contra la libertad sexual contestaban sorprendidas “¡pero si es mi marido!”. 

MS.-La dependencia económica de las mujer respecto al marido era también mucho más habitual hace tres décadas.

ER.- Sin duda. Era normal depender completamente de los recursos que generaba el marido y cuando las mujeres intentaban trabajar fuera de casa se topaban con su oposición recalcitrante a sabiendas de que la independencia económica de la mujer le dificultaba atarla en corto. Hoy no es así, ha aumentado el porcentaje de mujeres con capacidad para generar sus propios recursos, sin embargo la brecha salarial se refleja en los relatos de las pacientes.   Y sigue habiendo resistencia por parte de ellos a incorporarse a las tareas domésticas y de cuidados, con lo cual la mujer realiza una doble jornada que le provoca unos niveles de estrés y sobrecarga brutales. Es otra forma de abuso habitual en el perfil de mujer maltratada y hacia el que hay bastante tolerancia social. Por no hablar de que si hay que sacrificar carrera profesional durante la crianza casi siempre le toca hacerlo  a la mujer

MS.- Cuando una mujer llega a su consulta por problemas con su pareja, ¿cómo evalúa si es un conflicto entre dos adultos o es violencia sexista?

ER.- La violencia sexista se caracteriza porque quien la ejerce ha interiorizado un sistema de creencias que legitima la autoridad y superioridad del hombre sobre la mujer. Este sistema es el patriarcado. Por eso es tan frecuente que los hombres que maltratan a sus compañeras tengan características de doble fachada, es decir, pueden ser encantadores en otros contextos y en el resto de sus relaciones. En cambio, una relación de conflicto son dos partes que no se entienden, que se llevan mal, donde las agresiones son bidireccionales y ninguna tiene miedo a la otra. Pero si el hombre intenta establecer una relación de dominio, de posesión, de ventaja, de privilegio, está claro que hay abuso. Y en este caso, lo primero que evalúo son las estrategias de coacción que utiliza para ejercerlo. Entre ellas, aislar, desvalorizar, amenazar, intimidar, abuso económico,… Pero, cuidado, todas estas  estrategias tienen versiones sutiles e indirectas, y son muy peligrosas porque la víctima no las identifica tan fácilmente.

MS.- Uf… Díganos algunas, por favor.

ER.- Por ejemplo, cuando el maltratador no te prohíbe directamente que salgas o no te dice expresamente que no venga tu familia de visita, pero cuando sales o vienen a verte provoca situaciones tan tensas que ya tu misma te encargas de evitarlo para no pasar el mal rato.  Hay una estrategia muy sutil que se da en las primeras fases de noviazgo. Es la de hacerte sentir que relacionarte con los demás es abandonarle a él. El discurso es el de “tú que para mí eres lo primero, la prioridad, lo que yo más quiero, y sin embargo tú no me quieres igual”. O que cada vez que te apuntas a una tarde de chicas cuando vuelves él te monta un pollo por causas aparentemente ajenas a que te hayas ido con tus amigas. Consiguen, poco a poco,  que tú misma te aísles. 

Afirmar que “para un hombre, una mujer frágil tiene un encanto especial” es sexismo encubierto

MS.- Supongo que cuanto más joven más difícil es darse cuenta de que con la excusa del amor te encierran en un laberinto y a ver cómo encuentras luego la salida.

ER.- El machismo autoritario y hostil de toda la vida ha mutado y coexiste con un sexismo encubierto, de tono afectivo benevolente y protector, muy refinado, más difícil de identificar y por ello más peligroso. Está a la orden del día. La investigación con jóvenes adolescentes para el Proyecto Detecta reveló que el 66,5% de los chicos se muestra de acuerdo con los enunciados sexistas expresados en tono encubierto o benévolo, y el porcentaje es aun más alto en el caso de las chicas, que alcanza el 73%. 

MS.- Para visualizarlo mejor, dígame un enunciado sexista hostil y otro benévolo.

ER.- Una formulación hostil es “Las mujeres son más débiles que los hombres” y su versión benévola sería “Para un hombre, una mujer frágil tiene un encanto especial”. Aparentemente, el sexismo encubierto ensalza lo femenino. Es una trampa. Otro enunciado hostil es “Atender bien la casa es obligación de la mujer”, que en su versión benévola sería “La mujer es un tesoro en el hogar” o “Nadie como las mujeres sabe criar a sus hijos”. 

“Hay adolescentes que han follado con más tíos que una mujer de mi generación y no saben qué es un orgasmo”

MS.- ¿Es cierto que hay un perfil de mujer víctima que repite una y otra vez relaciones con maltratadores?

ER.- En absoluto. Esto no va de masoquismo. Cuando el tratamiento con la mujer que ha sufrido abusos y maltrato incluye también el abordaje, con carácter preventivo, de todas las variables de vulnerabilidad que le llevaron a iniciar y mantener una relación de ese tipo, la mujer no repite jamás. Yo trabajo junto a las pacientes factores para que sepan identificar indicadores tempranos de abuso en relaciones futuras, además de otros más personales, como potenciar su autoestima, la seguridad en sí mismas o apoyarles en proyectos profesionales. Cuando las mujeres superan todo esto nunca vuelve a desear verse inmersas en una relación dominante y abusiva. 

MS.- ¿Qué opina de la teoría de las denuncias falsas?

ER.- A quienes insisten en las denuncias falsas yo les diría que si en los Juzgados de Violencia no son todas las que están porque se haya colado alguna denuncia falsa, que sepan que ocurre mucho más lo contrario, es decir, que no están todas las que son. Y de esto nadie habla. Me explico. Hay muchísimos casos de maltrato, sobre todo psicológico, que no llegan a los Juzgados de Violencia. ¿Por qué? Porque en un Juzgado lo que no se documenta no existe, y así debe ser. Pero es que la violencia en la pareja se ejerce la mayoría de las veces de puertas para adentro, procurando no dejar pruebas, marcas ni señales, por lo que son innumerables los casos que no llegan a los Juzgados de Violencia. 

“No hay un perfil de mujer al que le atraigan los maltratadores. Esto no va de masoquismo”

MS.- ¿Y qué alternativa les queda?

ER.- Si se inicia un proceso de divorcio y hay hijos e hijas menores en común, en los Juzgados de Familia se conceden custodias compartidas o amplios regímenes de visitas. En los casos de abuso el riesgo de que el maltratador instrumentalice a los menores para seguir ejerciendo control y acoso hacia la ex pareja está asegurado, con el enorme daño, sufrimiento y secuelas que ello les acarrea tanto a la mujer como a los hijos e hijas. Es enorme el sentimiento de indefensión que se genera en la víctima al ver que el divorcio no es suficiente para poner fin a la relación de maltrato. Esto es algo que encontramos con mucha frecuencia en las terapias.

MS.- Para terminar, llama la atención que a pesar de los avances en igualdad ha aumentado la presión sobre la imagen y la exaltación de la sexualidad femenina como valor social. En las redes sociales se ve nítidamente la hipersexualización de las niñas. 

ER.- Algo que observo en mi consulta como para pensar que estamos ante un problema es que de nuevo las chicas se ven presionadas a ejercer una sexualidad al servicio del varón. Es decir, la chica más ‘cool’, empoderada, la que tiene una sexualidad súper es aquella que se atreve a hacer todo lo que le pida un chico, aunque no le apetezca y luego se sienta mal. Me encuentro casos de adolescentes de 15 años que han follado con más tíos que una mujer de mi generación en toda su vida y no saben lo que es un orgasmo. Me llena de asombro y me pregunto en qué momento hemos retrocedido.