Veintisiete puñaladas con los niños delante

«Le dio a mi hija 27 puñaladas con los niños delante y no le quitaron la patria potestad. Tuvimos que pelearla nosotras cinco años después. ¿Usted sabe que él está en tercer grado y no hay orden de alejamiento para la familia de la asesinada?».

La eurodiputada abrió mucho los ojos, negó con la cabeza y dejó que Juana siguiera hablando.

Bruselas, 23 de enero. 18.27 horas. Despacho de Iratxe García, coordinadora socialista de la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género en el Parlamento Europeo. La Fundación Mujeres, el Fondo de Becas Soledad Cazorla y cuatro familias de huérfanos por machismo están estrenando dos días de reuniones donde revelarán a un puñado de impresionados eurodiputados la desventura de gestionar una orfandad por violencia de género.

– Mi padre mató a mi madre cuando yo tenía 13 años y yo nunca cobré una pensión porque ella nunca llegó a cotizar lo suficiente-, dice Isabel.

– Mi hermana fue asesinada y me hice cargo de mi sobrina, pero como no soy línea directa no hay desgravación. Y cuando la adoptamos, para el Estado dejó de ser huérfana y víctima. Pero siempre lo será-, dice David.

– A mi madre la mató con una explosión el padre de mi hermano. Tomé su tutela y llevo un año haciendo el papeleo del asesino porque soy el tutor de mi hermano-, dice Joshua.

Iratxe García ha contado que su grupo está pidiendo una directiva europea sobre violencia machista. Pero según avanza la reunión, ella va diciendo menos y escuchando más.

– Se tardan años en resolver las tutelas, las familias están ahogadas en papeleo, no hay asesoría de servicios sociales, hay retrasos de años en las indemnizaciones… Y los hijos de los asesinos heredan sus deudas-, dice Marisa Soleto, presidenta de la Fundación Mujeres.

Y en eso, Joaquín Tagar, presidente del Fondo, desliza una pena con queja: «En algunos sitios hay una doble victimización. Los huérfanos son los hijos del asesino».

Para entonces, Iratxe García es un mar de cejas levantadas. Y se arranca un jirón de sinceridad: «Trabajo en temas de violencia de género y no sabía de esta realidad. Me impresiona. Tenemos que solucionar esto».

Alguien advierte que hay que ir a la entrega del premio que la organización Solidarva a conceder al Fondo por su trabajo con los huérfanos.

A las nueve de la mañana del día siguiente el grupo está en una sala con Irene Rosales, representante del Lobby Europeo de Mujeres. La eurodiputada afirma que hay un «movimiento antigénero en las instituciones» nutrido por algunos países del este y del sur. Tras escucharla, los huérfanos empiezan a hablar.

– El asesino de mi hija dejó tres huérfanos: tres años, dos y un bebé de cinco meses. Todo lo hemos tenido que luchar nosotras-, clama Juana.

Rosales se toca la tripa embarazada sin quitar oído a los huérfanos. Está impactada por la crudeza de los crímenes y la rudeza de los trámites.

El siguiente eurodiputado en la agenda es Juan Fernando López Aguilar, miembro de la Comisión de Justicia e Interior, que alaba el «compromiso socialista contra la violencia de género». Las familias se sueltan. Él las mira y apunta cosas en una hoja.

– La casa quedó destrozada por la explosión. Nadie nos indemnizó. Un día el tema fue al Pleno del Ayuntamiento, pero no había gente suficiente y no se trató más-, dice Joshua.

– Pero eso no puede ser-, contesta el ex ministro.

– Pues fue.

David, Isabel y Paloma van contando sus topetazos con la Administración mientras López Aguilar escribe hasta en los márgenes de la hoja y dice: «Ustedes me hacen pensar».

Juana se dirige al ex ministro.

– El asesino de mi hija nos dio una paliza años antes de matarla y pedimos una orden de alejamiento sobre nosotras y los niños. Archivaron las agresiones y no nos dieron la orden.

– Pero eso no puede ser. A un maltratador hay que denunciarle porque así se sienta en los tribunales.

– Pues él no se sentó nunca.

López Aguilar agradece la visita a los huérfanos y vuelve a extenderles la política igualitaria de su partido. Pero antes de que se levante, EL MUNDO le hace una pregunta.

– Usted ha dicho que lo que ha oído hoy le hace pensar. ¿Puede decirle a los huérfanos qué acción concreta va hacer cuando salga de aquí?

– No sabía que había periodistas aquí… Bueno, veo necesario incorporar este punto en mi próxima reunión. Debe haber una ayuda de oficio e inmediata a menores víctimas de violencia de género a cargo del Estado.

Queda otra reunión. Será con Elena Valenciano, vicepresidenta del grupo Socialistas y Demócratas, y Ramón Jáuregui, miembro de la Comisión Constitucional. Esta vez las familias hablan menos. Quizá estén cansadas de sus biografías. Valenciano y Jáuregui piensan en voz alta una ruta para llevar a Europa esta «realidad oculta». «Que López Aguilar haga un informe de iniciativa que incluya a la Comisión de Derechos de la Mujer… Luego hacemos una petición a la Comisión para que legisle…».

En el aeropuerto, David, el padre adoptivo de la huérfana Marta, empaqueta el balance de estos dos días de orfandad y política.

– Nada de lo que hemos hecho en el Parlamento Europeo ha pasado en España. Ojalá sirva de algo.

Fuente: El Mundo

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