Hijas e Hijos

Ser padre o madre es bastante más que haber cumplido la función biológica de engendrar, gestar o parir.

Lo último que necesitan las/os hijas/os como referente para su desarrollo, es el modelo de un progenitor que practica la violencia de género.

  • Ningún adulto se hace “violento” sin haberlo aprendido en la infancia. (Ashely Montagu)

  • Convivir con la violencia de género en la infancia es una forma de soportar violencia directamente en la etapa más vulnerable e indefensa que representa la personalidad en ciernes.

  • En un ambiente de proliferación y persistencia de la violencia machista, la responsabilidad se debe en último extremo a los criterios de discriminación sexual que presiden la socialización.

  • En cuanto la violencia deje de ser un valor en sí misma, los niños dejarán de asociarla a la masculinidad.

  • Es durante la infancia y la adolescencia cuando se reciben y se asimilan por su reiteración, los falsos valores que, configuran los tópicos y estereotipos, y a su vez establecen la desigualdad y la discriminación de las personas por razón del sexo, jerarquizando una falaz superioridad del sexo masculino sobre el femenino.

  • La asimilación de esos valores dominantes condiciona en sentido sexista los comportamientos que se adquieren durante la infancia, en plena etapa de la formación psicológica de la personalidad, haciendo que se perpetúe la violencia de género, por la transmisión de generación en generación.

  • Soportar la violencia sexista desde temprana edad convierte a las/os hijas/os en víctimas directas de la misma.

  • Allí donde se implante la violencia de género estará por principio excluido cualquier sentimiento de amor, de sensibilidad y de responsabilidad.

  • Resulta muy difícil que no transmitan de adultos la violencia machista, aquellos que la sufrieron durante la infancia.

  • Las/os hijas/os expuestos a la violencia de género suelen ser víctimas de la misma en la edad adulta.