El poder y la violencia sexista

La violencia sexista coperez-delcampo-tribunafeministantra la mujer es por su eficacia un instrumento insustituible del sistema patriarcal que secularmente ha venido concentrando el poder dominante bajo la exclusividad masculina.

A la llegada de la civilización, se organizó la distribución de funciones, y paulatinamente se fue consolidando la asignación del poder masculino apoyado en principios biológicos, en la transmisión de ideas plagadas de confusión y de errores, a través de las cuales proliferan los prejuicios, hasta el extremo de que la desigualdad, se convierte en un destino inexcusable para la vida de la mujer, siempre al servicio y cuidado de los designios marcados por el poder del varon.

A partir de entonces, los cambios efectuados hacia una igualdad entre ambos sexos, son la histórica consecuencia de la fluctuante lucha feminista.

El sometimiento de la mujer no se puede traducir como aceptación inevitable de un destino encadenado a la obediencia ciega, al servicio y cuidado de los demás, o a la prohibición de adquirir conocimientos, y en conclusión a la imposibilidad de formular criterios propios.

La rebelión de la mujer y la transmisión incipiente del feminismo comienza hace mas de dos mil años, con la Revolución Francesa, cuando sus congéneres masculinos no pueden ocultar, la evidencia de que nunca tuvieron intención de incluir a las mujeres en los derechos de la proclama revolucionaria, igualdad, fraternidad y libertad, a pesar de la participación decisiva de las francesas en el triunfo de la Revolución.

Por lo tanto la estructura de poder de los hombres pasó de las manos aristocráticas masculinas a las de la burguesía, sin modificar la estructura del poder patriarcal. Lo que en realidad se ha pretendido siempre, entre penumbras, es mantener esa estructura de poder como única fórmula socio-política capaz de garantizar que el camino hacia una igualdad real, en la equivalencia de derechos y en el reparto de poder no pase de ser más allá que una frustrada pretensión feminista.

La experiencia sobre el engaño transformador revolucionario en la vida de las francesas respecto de la discriminación femenina dejó en el conocimiento de las mujeres la razón que promueven los mecanismos estructurales e ideológicos del patriarcado para  acaparar el  dominio del poder, no tienen nada que ver con la inferioridad del sexo femenino ni con su capacidad como reproductora de la especie. No existen por tanto impedimentos biológicos, ni capacidades deficitarias que alimenten la injusticia de la discriminación sexista.

Los años, los siglos, se suceden y ante la persistente reivindicación especifica del feminismo, el poder androcéntrico, dosifica sus concesiones, pero el discurso equívoco prosigue inmutable, con la proterva intención de confundir modernidad con el progreso que representa una igualdad efectiva.

Basta examinar –perdonen la insistencia-, sobre la persistencia sin tregua de la violencia de género, para constatar el fraude que significa hacer creer a la ciudadanía que al fin vivimos en una sociedad de iguales.

La contribución para mantener la subsistencia de la violencia machista, no solo es de quien la ejerce con impunidad, si no, de sectores tan relevantes como determinadas instituciones públicas, algunos partidos políticos, ciertas jerarquías eclesiásticas,  determinados medios de comunicación y la administración de justicia, entre otras.

Limitando mi atención a los últimos meses del año 2015 que ha pasado a la historia asesinando mujeres, niños/as y victimas colaterales hasta el último día de fin de año, para dar entrada al 2016 que se inicia matando mujeres, sin que nadie se inmute mas allá del minuto de silencio.

Y a todo esto hay que añadir el reiterado escándalo de una institución como la Guardia Civil, que estando llamada a defender y proteger a las víctimas del terrorismo sexista, transmite el último día del año a través de la cuenta oficial abierta por el Instituto Armado en Twitter, la fotografía de una mujer acompañada de un mensaje en el que se atribuye a las victimas la responsabilidad de la violencia machista padecida durante la noche, en las fiestas navideñas.

De nada sirve el intento inmediato de la asociación profesional  –Unión de la Guardia Civil- (UGC), apresurándose a desvirtuar o diluir a través de una condena sin paliativos el mensaje emitido para a continuación atribuir la acción dolosa del nuevo maltrato, al Guardia Civil anónimo que transmitió el twitt el 30 de diciembre pasado,  algo inadmisible porque la atribución a las víctimas sobre la responsabilidad de los abusos machistas sufridos, representa un sumando mas de maltrato  a la mujer , una pretensión de desvirtuar la acción violenta del agresor que se comete a través de la cuenta oficial abierta en twitter, cuyo uso y responsabilidad es exclusivo de la Guardia Civil.

Imperdonable, tanto como lo son los informes que realiza el Instituto Armado sobre el riesgo que representa la violencia de género que denuncian las víctimas. El escándalo sobre este cometido de la Guardia Civil, se pone en evidencia cuando Diario.es, lanza la noticia de que las 56 mujeres asesinadas durante  el año  2014, solo 15 habían denunciado, y se consumaron los crímenes por los agresores en 14 de estos casos. La noticia se convierte en escándalo cuando el periódico descubre que los informes de riesgos efectuados por la Guardia Civil a 14 de las 15 víctimas, la calificación de peligrosidad fue baja o inexistente, la noticia provoca la llamada al medio de comunicación de agentes de la guardia civil manifestando, como justificación, que estaban sufriendo presiones para que la valoración se realizara a la baja. Una excusa inaceptable. Ante la presión que induce a la comisión de un delito, no hay obediencia debida que valga, lo único que cabe es acudir al juzgado de guardia para denunciar la conducta delictiva del inductor o inductora.

 

En cuanto a la contribución que determinados partidos políticos, prestan a la aceptación que llaman “simétrica” en la comisión del fenómeno social de la violencia de género, con ataques incomprensibles hacia las leyes especificas elaboradas para combatir la violencia sexista, solo me referiré al indignante papel que durante el periodo electoral llevó a la práctica el partido de Ciudadanos exhibiendo una insultante ignorancia o quizá la defensa de una ideología propiciatoria que le permite desconocer los orígenes y la sin razón de un fenómeno social universal como el maltrato a la mujer por el solo hecho de serlo, cuando afirma su representante que para un niño es igual de dramático presenciar que un padre mata a la madre como que una madre mata al padre. Increíble, pero cierto.

Y qué decir de la acción de la justicia, en el mes de julio del año 2014, la ONU se pronunció a través de un informe del  “Grupo de trabajo sobre la cuestión de la discriminación contra la mujer, en la legislación y en la práctica” en el que requiere al Gobierno Español para que cumpla sus compromisos internacionales respecto a la igualdad de género ante los retrocesos alarmantes producidos en los últimos tiempos. Le dan otro toque sobre la violencia de género cuando instan al Gobierno a formar específicamente a jueces, fiscales y policía sobre las consecuencias de una interpretación escasamente concordante con la finalidad de erradicar la violencia de género. Entre tanto, la desconfianza de las mujeres en la justicia se acrecienta por el aumento de los sobreseimientos de las denuncias y de un crecimiento desmesurado en la denegación de las órdenes de protección.

La demanda de formación especializada en violencia de género para la judicatura, los abogados y demás coadyuvantes en la función judicial así como para las instituciones en general no le interesan a nadie. Algunos porque se consideran con formación y se lanzan a juzgar o a defender a las victimas sin tener la más mínima noción de los procesos personales por los que atraviesan las victimas a consecuencia de la violencia sexista. Los obstáculos de un delito ideológico como es el caso de la violencia de género ofrecen siempre una resistencia tenaz que abarca a todos los ámbitos de poder y a la sociedad configurada a tenor de estereotipos prefijados por el propio sistema patriarcal.

Mientras tanto, se comete un asesinato tras otro, hasta alcanzar en el año que acaba de terminar la cifra de 64 mujeres, 9 niños y niñas y 9 víctimas colaterales, 82 crímenes en total. Y en el año 2016 ya son 4 mujeres las asesinadas en las mismas circunstancias.

Haciendo mía la reflexión de la filósofa Ana de Miguel, cuando cita al poeta Publio Terencio, esclavo por nacimiento, “nada de lo humano me es ajeno”, pero entonces, se pregunta la filósofa, “¿por qué ha sido tan ajena para la humanidad, para las instituciones, para el conocimiento y para la universidad la violencia contra las mujeres?” (1). A lo que respondo. La ideología, la ideología del poder patriarcal imperante. Es ese el miedo que los varones tienen a las mujeres, el de que lleguen a arrebatarles la exclusividad del poder.

Fuente: La Tribuna Feminista

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